
En el frío de la oscuridad recorría la desnudez de su cuerpo, una ruta inexplorada pero cuyo camino extrañamente conocía, como si ya hubiese transitado por allí, en otra noche, en otra vida.
Contemplaba hasta el más minúsculo detalle, encontrando mil lugares favoritos y queriendo permanecer ahí, un instante más.
No le pertenecía, pero de esa nada sentía que estaban siendo todo.
Fue ver nacer y agonizar ese sentimiento en una noche.
El encuentro de dos almas que a ciegas se tanteaban y exploraban los miedos.
Desconociendo la posibilidad del próximo encuentro, viviendo este como el último.
No podía afirmar que estuviesen hechos el uno para el otro, pero sus manos encajaban a tal perfección que le hacia cuestionarlo.
Dos seres que deambulan por el universo en busca del lugar donde pertenezcan,
que sin premeditarlo, en las vueltas que da la vida, se toparon.
Y bajo el calor de sus cuerpos, se hicieron sentir vivos en esa noche fría.
-Daribel Marin.
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