miércoles, 7 de febrero de 2018

Fragmentos sueltos.

Era 1971, mi padre trabajaba de cargador en un puerto pesquero todas las mañanas, de noche era mesero en un bar a la orilla de la playa. Mi madre era la enfermera de un hotel de la isla, en su noche libre decidió ir a pasar el rato a algún bar de la playa con sus amigas. Se sentaron en la mesa más próxima al mar, a mi madre siempre le ha encantado el sonido de las olas, música para sus oídos. Vino el mesero a tomar su orden, un par de tragos para comenzar, media hora después ella quería ir al baño, un tanto ebria y agotada de usar tacones se aferraba a las paredes para llegar. Se lavaba las manos y retocaba su maquillaje, al salir sin querer tropezó con un escalón y terminó cayéndose, no podía ni levantarse por la ebriedad, mi padre acudió a su ayuda y la llevó hasta la mesa donde estaban sus amigas, no era el momento propicio para presentarse así que decidió marcharse y seguir en lo suyo.
Días más tarde se desató en la isla una epidemia de dengue que se propagó rápidamente, el único hospital de la localidad estaba repleto, mi madre fue llamada a ejercer su labor, fue entonces cuando le conoció, uno de los compañeros de trabajo de mi padre había sido contagiado y tuvo que llevarle al hospital, mi madre era la enfermera a cargo y fue quien le atendió, al principio solo cruzaron palabras referente a su amigo, estuvieron varios días viéndose a diario porque aquel hombre fue internado y mi padre era quien le visitaba y estaba al pendiente. Tuvo la oportunidad de presentarse con ella, ya que desde el primer momento había llamado su atención. Se hicieron buenos amigos y meses después ya estaban comprometidos y decidieron casarse y celebrar la ceremonia en aquel bar donde se encontraron por primera vez.
En los tiempos de antes ¿Todo era más sencillo? estoy cansada de escuchar historias de amor donde se conocían, se enamoraban, se casaban y permanecían juntos toda la vida. En la actualidad hay divorcios, peleas, amores no correspondidos, matrimonios por conveniencia, infidelidades, de todo. Y me aterra la idea de verme algún dia inmersa en uno de esos casos.
4:00 am. No puedo dormir, ya perdí la cuenta de los días que han sido así, con este insomnio terrible. Ya he desgastado todos mis pensamientos de media noche, no tengo en qué pensar. Solo quiero dormir, necesito dormir y no puedo hacerlo. Observo la oscuridad de mi habitación helada, en la ventana el reflejo de una pequeña luz tenue.

martes, 6 de febrero de 2018

Noche fría.




En el frío de la oscuridad recorría la desnudez de su cuerpo, una ruta inexplorada pero cuyo camino extrañamente conocía, como si ya hubiese transitado por allí, en otra noche, en otra vida.  
Contemplaba hasta el más minúsculo detalle, encontrando mil lugares favoritos y queriendo permanecer ahí, un instante más.
No le pertenecía,  pero de esa nada sentía que estaban siendo todo.
Fue ver nacer y agonizar ese sentimiento en una noche. 
El encuentro de dos almas que a ciegas se tanteaban y exploraban los miedos.
Desconociendo la posibilidad del próximo encuentro, viviendo este como el último. 
No podía afirmar que estuviesen hechos el uno para el otro, pero sus manos encajaban a tal perfección que le hacia cuestionarlo.
Dos seres que deambulan por el universo en busca del lugar donde pertenezcan, 
que sin premeditarlo, en las vueltas que da la vida, se toparon.
Y bajo el calor de sus cuerpos, se hicieron sentir vivos en esa noche fría.
-Daribel Marin.

lunes, 5 de febrero de 2018

Al final su búsqueda no había sido tan fallida, 
no encontró lo que andaba buscando, 
pero en el camino se dio cuenta que eso no era lo que necesitaba.
Y en esa pequeña nada podía sentir de todo,
como si estuviese tocando el cielo sin merecerlo.
Le dio eternidad a un instante y eso le bastó.