No eran sus hermosos ojos ni ese brillo que observaba en ellos, miraba a tantos lados que olvidó centrarse en mi.
No fueron sus brazos el refugio que necesité, no me acobijaron lo suficiente.
Ni sus labios me besaron lo suficiente como para sentir que todo estaría mejor.
Su lluvia no logró acabar con mi sequía.
Una historia escasa de capítulos felices, demasiado drama para tan pocas páginas.
Mis anhelos crearon una persona que no existía, veía lo que quería ver, escuchaba solo lo que convenía. Le visualice de tal manera que no necesitaba ver a nadie más, fue mi culpa, por ver en él alguien que nunca estuvo allí.
Ahora solo queda despedirme de esas dos personas, sí, de los dos, decirle adiós a el y a la persona que creí que era. -DM.
